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I. fffIntroducción
II. ffEtapa premetalúrgica
III. Calcolítico
IV. Edad del Bronce
V. sEdad de Hierro
VIrfMetalurgia prehistórica:contextualización
sociohistórica
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I- Introducción
A lo largo de la historia, desde su aparición en la Tierra, el
ser humano se ha ayudado de instrumentos para modificar la naturaleza
a su favor. En este sentido, la historia del hombre es una historia
de la técnica, una historia en la que se ha buscado trasformar
los elementos disponibles en el medio ambiente de modo que esta transformación
hiciera la vida más sencilla. Desde muy tempranos momentos el
hombre utilizó los elementos más disponibles a su alrededor:
palos, piedras, pieles, huesos
elementos que podían ser
trabajados, manipulados, para conseguir de ellos una efectividad, pero
elementos que no necesitaban, en última instancia, de ninguna
transformación íntima, ninguna modificación de
sus propiedades estructurales. No es esto lo que ocurre con los metales.
El metal, en su mayor parte, requiere para ser utilizado de una modificación
trabajosa y compleja de las características en que lo hallamos
en estado natural. La aparición de la metalurgia es un elemento
reciente, visto desde la escala general de la historia, pero de tal
importancia para el ser humano que no sería posible entender
sin él el flujo de la historia ni, por supuesto, las sociedades
contemporáneas. Así se ha considerado desde antiguo, hasta
el punto de considerar su descubrimiento el hito que marca un antes
y un después en las sociedades prehistóricas. En 1836
el danés C. J. Thomsen expone el Sistema de las Tres Edades para
clasificar para el material prehistórico, propone que los materiales
se dividan según provengan de la Edad de Piedra, de la Edad del
Bronce o de la Edad del Hierro. Este sistema fue rápidamente
aceptado por los investigadores y supuso un importante avance conceptual.
Los artefactos prehistóricos podían ordenarse cronológicamente
y, así, se proporcionaba un método eficaz para el estudio
del pasado. Hoy día dicha clasificación, con modificaciones
que no dejan de ser importantes, sigue vigente.
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Sin embargo, y sin negar la importancia fundamental que la aparición
del utillaje metálico tiene en la historia de un determinado
grupo humano, no debemos caer en la idea, que hoy parecería ingenua,
de que es esta innovación tecnológica la variable causal
primaria de los radicales cambios que se suelen asociar a su aparición
en el registro arqueológico. Haremos hincapié en esta
idea más adelante.
II- Etapa Premetalúrgica
Existen evidencias de que el hombre prehistórico se vio atraído
desde épocas tempranas por los minerales metálicos, en
unos casos por su singularidad o belleza, como en el caso de la malaquita
o azurita (ambos minerales de cobre), y en otros por su capacidad para
utilizarlos en la decoración del cuerpo, tejidos o diversas superficies.
Este último caso es del ocre, palabra genérica que designa
diferentes óxidos de hierro, del que se verifica su utilización
desde hace 300.000 años en Terra Amata, Niza y se encuentra muy
frecuentemente asociado a yacimientos paleolíticos. Sabemos también
de un temprano tratado térmico de estos elementos para acentuar
su color.
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El primer metal que se trabajó, sin duda por
la facilidad de hacerlo, fue el cobre nativo. Las primeras evidencias
de su trabajo las hallamos en el Tell de Sialk (Irán) y en Cayönü
Tepesi (Anatolia), en tiempos del VIII al VII Milenio a C. El cobre
nativo se puede trabajar en frío, por martillado, pero también
se puede calentar para aumentar su maleabilidad y disminuir su fragilidad.
Para esto último basta una temperatura de 200 a 300º C,
lo que sin duda no era difícil de conseguir para los hombres
de aquella época. Sin embargo, la fusión del cobre requiere
de una temperatura de 1083º C la que no está claro si se
consiguió antes de la reducción del mineral, que no necesita
temperaturas tan elevadas. Lo que sí sabemos es que el cobre,
nativo o mineral, se fundió y se introdujo en moldes ya en el
V Milenio a C., tal como aparece en Susa..
También en la zona balcánica aparecen evidencias de cobre
trabajado en frío (adornos de chapa) en la primera mitad del
Vº Milenio a C.
Otros metales trabajados de manera premetalúrgica son el oro,
que es fácil de trabajar por martillado a partir de las pepitas;
el platino y la plata nativa, muy escasa en estado natural. Todos los
anteriores asociados a trabajos de orfebrería. Y también
el hierro nativo, asimismo muy raro, o el meteórico
Para algunos autores como Mohen es difícil admitir que la fusión
del metal nativo, por las elevadas temperaturas que requiere, se haya
conseguido antes que la reducción de los primeros minerales,
menos exigentes en ese sentido.
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III- Calcolítico
tradicionalmente se ha considerado la aparición de la metalurgia
un como el hito que marca un antes y un después en la prehistoria,
sin embargo, para algunos autores actuales la metalurgia sería
una "innovación tecnológica relativa". Los autores
justifican su opinión aludiendo a diferente aspectos. Uno de
ellos es que una de las características tenidas como claves de
la metalurgia, que es su asociación a la actividad minera, no
es en absoluto una actividad nueva, de hecho se conocen actividades
mineras asociadas al sílex o la obsidiana desde el paleolítico.
Ni siquiera la manera de explotar en este momento varía mucho,
la minería del calcolítico es muy similar a las anteriores.
De hecho es, como la paleolítica, una operación superficial,
que apenas araña la tierra con explotaciones de superficie.
Otro argumento es que la fundición del cobre no requiere ni mucho
menos una tecnología excesivamente más compleja que la
de la cerámica. Sabemos que en épocas neolíticas
balcánicas se alcanzaban con facilidad temperaturas de 700º
y que, contemporáneamente, en Mesopotamia se alcanzaban temperaturas
de 800º e incluso 1.000º C; tendríamos así una
pirotecnología suficientemente avanzada como para reducir óxidos
y carbonatos de cobre, que exigen alcanzar los 1.000º C y menos
si utilizamos fundentes.
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Por último, los autores afirman que tampoco el horno metalúrgico
fue una innovación transcendental dado que ya se conocía
la vasija-horno que era capaz de soportar hasta 1.250º C.
Para Mohen, en cambio, sí se puede considerar al horno metalúrgico
como una innovación esencial. Su principal característica
es que gracias a la utilización de un soplete de boca o un fuelle
se pueden alcanzar con facilidad los 1.100º C.
Mohen afirma que el horno metalúrgico es diferente de todos los
demás, requiere atizar el fuego en unas condiciones reductoras
que hacen incompatible el aporte de aire desde el exterior. Esto se
puede conseguir de manera sencilla recubriendo con combustible el corazón
incandescente donde se reduce el metal, pero es condición necesaria
que el soplo de aire se dirija al combustible incandescente y no al
mineral. Con esto se reducen fácilmente los óxidos de
cobre, como la cuprita, o los carbonatos como la malaquita y la azurita.
Además toda la operación se hace más simple si
se utiliza un fundente como el óxido de hierro
Es casi seguro que las técnicas metalúrgicas se conocieran
desde el VIIº al VIº Milenio a C. en la zona del Próximo
Oriente, sin embargo, tuvieron un escaso impacto en la sociedad o economía
de la época. Ya en el Vº Milenio a C. sí encontramos
objetos metálicos que alcanzan su significación en contextos
metalúrgicos plenos y, a finales del Vº y principios del
IVº Milenio encontramos en el actual Irán centros especializados
en la reducción del cobre.
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Algo más adelante, en el IVº Milenio a C., el SE de Europa
en su área balcánica entra en el Calcolítico. Ya
anteriormente al 4.000 a C. encontramos hachas de la cultura de Gumelnitza
de bronce fundido y con agujero de enmangue conseguido en un molde abierto,
lo que denota un momento muy avanzado en el tratamiento del cobre. A
partir de este momento la explosión de las culturas calcolíticas
en este área europea es espectacular, de las cuales las más
importantes son las de Vinça y Gumelnitza. A estas culturas se
asocian explotaciones mineras de gran importancia como las de Ai Bunar.
Consisten en trincheras excavadas a cielo abierto de entre 10 y 80 mts.
de longitud y 2 y 20 mts de profundidad. También es importante
la explotación minera de Rudna Glava, algo posterior a la anterior
y de la que conocemos bastante bien el método utilizado en su
explotación: mediante la colocación de hogueras se calentaba
la superficie a explotar, esto hacía que aquella se calentara
y rociándola inmediatamente con agua se conseguía un enfriado
brusco que hacía que aparecieran grietas. En ellas se introducían
picos de asta de ciervo con los que se desgajaban los bloques de mineral.
Después estos bloques se desmenuzaban mediante martillos de piedra
y morteros. En contraste con la buena información de la que disponemos
sobre las operaciones de minería, sabemos poco de como se llevaba
a cabo la reducción del mineral. Se hipotetiza que la causa de
esto sea que la reducción del metal se llevaba a cabo en lugares
especializados que aun no se han descubierto.
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Algo más adelante, en el IVº Milenio a C., el SE de Europa
en su área balcánica entra en el Calcolítico. Ya
anteriormente al 4.000 a C. encontramos hachas de la cultura de Gumelnitza
de bronce fundido y con agujero de enmangue conseguido en un molde abierto,
lo que denota un momento muy avanzado en el tratamiento del cobre. A
partir de este momento la explosión de las culturas calcolíticas
en este área europea es espectacular, de las cuales las más
importantes son las de Vinça y Gumelnitza. A estas culturas se
asocian explotaciones mineras de gran importancia como las de Ai Bunar.
Consisten en trincheras excavadas a cielo abierto de entre 10 y 80 mts.
de longitud y 2 y 20 mts de profundidad. También es importante
la explotación minera de Rudna Glava, algo posterior a la anterior
y de la que conocemos bastante bien el método utilizado en su
explotación: mediante la colocación de hogueras se calentaba
la superficie a explotar, esto hacía que aquella se calentara
y rociándola inmediatamente con agua se conseguía un enfriado
brusco que hacía que aparecieran grietas. En ellas se introducían
picos de asta de ciervo con los que se desgajaban los bloques de mineral.
Después estos bloques se desmenuzaban mediante martillos de piedra
y morteros. En contraste con la buena información de la que disponemos
sobre las operaciones de minería, sabemos poco de como se llevaba
a cabo la reducción del mineral. Se hipotetiza que la causa de
esto sea que la reducción del metal se llevaba a cabo en lugares
especializados que aun no se han descubierto.
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Algo más adelante, en el IVº Milenio a C., el SE de Europa
en su área balcánica entra en el Calcolítico. Ya
anteriormente al 4.000 a C. encontramos hachas de la cultura de Gumelnitza
de bronce fundido y con agujero de enmangue conseguido en un molde abierto,
lo que denota un momento muy avanzado en el tratamiento del cobre. A
partir de este momento la explosión de las culturas calcolíticas
en este área europea es espectacular, de las cuales las más
importantes son las de Vinça y Gumelnitza. A estas culturas se
asocian explotaciones mineras de gran importancia como las de Ai Bunar.
Consisten en trincheras excavadas a cielo abierto de entre 10 y 80 mts.
de longitud y 2 y 20 mts de profundidad. También es importante
la explotación minera de Rudna Glava, algo posterior a la anterior
y de la que conocemos bastante bien el método utilizado en su
explotación: mediante la colocación de hogueras se calentaba
la superficie a explotar, esto hacía que aquella se calentara
y rociándola inmediatamente con agua se conseguía un enfriado
brusco que hacía que aparecieran grietas. En ellas se introducían
picos de asta de ciervo con los que se desgajaban los bloques de mineral.
Después estos bloques se desmenuzaban mediante martillos de piedra
y morteros. En contraste con la buena información de la que disponemos
sobre las operaciones de minería, sabemos poco de como se llevaba
a cabo la reducción del mineral. Se hipotetiza que la causa de
esto sea que la reducción del metal se llevaba a cabo en lugares
especializados que aun no se han descubierto.
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IV- Edad del Bronce
Las aleaciones cupríferas de la antigüedad se realizaban
con elementos como el antimonio, el plomo o el arsénico pero,
aunque la utilización de este último es bastante común
en determinados momentos, las aleación reina es, sin duda la
del cobre con estaño, es decir el bronce.
El arsénico podía asociarse al cobre mediante fusión
o cementación, pero ambas son técnicas mal conocidas.
La utilización del arsénico en su aleación con
el cobre es bastante peligrosa por las emanaciones de gases que produce,
sin embargo parece que los metalúrgicos prehistóricos
tenían el proceso bien controlado.
Los mejores ejemplos de aleación de cobre con arsénico
los hallamos en las espadas y puñales de Carnoët (Francia)
de principios del IIº Milenio a C.
El estaño adquiere su valor metalúrgico por su asociación
con el cobre. Añadiendo al cobre un 10% de estaño se obtienen
varias ventajas en el material resultante como es disminuir la temperatura
de fusión la obtención de un metal fundido de una gran
fluidez y, por supuesto, la mayor dureza del bronce que del cobre. Sin
embargo un exceso de estaño, más de un 13%, vuelve al
bronce quebradizo lo que lo hace inservible para objetos utilitarios.
No se conoce a fondo ningún taller que refleje el proceso completo
de la metalurgia del bronce, sin embargo sí conocemos los aspectos
principales de dicha actividad.
Existían hornos metalúrgicos de reducción, como
el israelí de Timma, que estuvo en uso desde el s. XIV al S.
XII a C. Consistía en un horno semicircular, al final de una
fosa, rodeado por piedras que conservaban el calor. Tenía una
tobera que desembocaba a media altura del horno. Se aislaba del resto
de la zanja por una pared de piedra y arcilla. Estaba cubierto por piedras
que recogían el calor pero, a la vez, dejaban escapar el humo.
En el fondo tenía una cubeta que recibía el material fusionado
donde se enfriaba y formaba un lingote de cobre. Tanto la pared interna
como la tobera estaban vitrificadas.
Por otro lado, encontramos hornos de refundición y preparación
de las aleaciones. También en Timma, al lado de los de reducción,
se encontraron de este último tipo. Consistían en una
fosa que se llenaba con carbón, no tenían tobera alguna
y la refundición del cobre se llevaba a cabo en un crisol. En
otros lugares sí se han encontrado con tobera. Existen otros
tipos cerrados, consistentes en una fosa con una tapa de arcilla que
sirve de escudo térmico, la temperatura bajo ella podía
llegar a los 1.200º C.
Las toberas son elementos comunes a los hornos de reducción y
a los de refundición. Son una especie de embudo de arcilla que
dirige el aire sobre el carbón incandescente, se les suele acoplar
un fuelle o cañas a través de las cuales se puede soplar.
El crisol es el receptáculo que recibe el metal reducido o para
refundir lingotes y obtener aleaciones, solían ser de piedra
o más frecuentemente de arcilla.
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Los moldes suelen ser abiertos, cerrados, monovalvos o bivalvos y solían
elaborarse en arcilla, piedra o bronce. La mezcla de metal se introducía
en ellos para darle forma. Cuando eran cerrados el objeto de metal se
obtenía fracturando el molde.
Tras la refundición el objeto debía de seguir siendo trabajado,
era necesario eliminar las rebabas, pulirlo y, en caso de que procediera,
afilarlo.
La imposición del bronce hace que las armas sean cada vez más
numerosas y más útiles para la guerra. El bronce conoció
enormes éxitos con la aparición de los primeros grandes
imperios como los orientales, el del Egipto faraónico, el de
la Creta minoica o los reinos de Wessex, Armórica o Dinamarca.
Sin embargo, la Edad del Bronce llevaba en su seno su propia contradicción,
la dificultad de obtener suficientes cantidades de cobre o estaño
llevó a muchas de estas sociedades a repetidas crisis. En ese
sentido se ha interpretado, por ejemplo, la aparición de aleaciones
terciarias, formadas por tres metales, donde el plomo va substituyendo
progresivamente al estaño y haciendo disminuir poco a poco la
calidad de los metales y, consecuentemente, de los artefactos fabricados.
V- Edad del Hierro
Los primeros en entrar en la Edad del Hierro fueron los hititas en el
área de Palestina y solo fueron necesarios unos siglos para que
a continuación lo hiciera todo el mundo antiguo. Aunque el trabajo
del hierro es el más difícil de realizar de entre todos
los metales, las posibilidades que ofrece, su mayor eficacia y la dificultad
de abastecerse de cobre y estaño hicieron que el hierro substituyera
a las labores asociadas al cobre de manera bastante rápida. Estas
circunstancias estimularon el perfeccionamiento de la siderurgia, que
llevaron a que en épocas prehistóricas se consiguieran
temperaturas de hasta 1.300º C. El mineral de hierro es muy abundante
en la tierra, supone el 5% del peso de la corteza terrestre, por lo
que su aprovisionamiento no es difícil, pero sin embargo, son
necesarios combustibles de una alta capacidad calorífica para
su reducción, generalmente se utilizó el carbón
vegetal.
Existen diferentes procedimientos para la obtención del metal
de hierro. El primero, llamado procedimiento directo, se obtiene en
horno de cubeta. La reducción se realiza a una temperatura menor
que la de fusión (1536º C). Mediante este procedimiento
se obtiene una mezcla de hierro y escoria que, tras un insistente martillado,
nos proporciona un metal más o menos homogéneo. Así
se obtiene el hierro dulce, muy puro (con menos de un 0'02 % de carbono),
pero a la vez excesivamente dúctil y de escasa dureza. Si queremos
aumentar esta lo podemos conseguir mediante su introducción en
carbono, con lo que conseguimos un mayor nivel de carburación
del metal, lo que aumenta la dureza. El hierro carburado no es otra
cosa que el acero. El hierro se puede trabajar mecánicamente,
es lo que se llama el forjado, método por el que se pueden conseguir
artefactos de una gran variedad. También se puede tratar térmicamente
de varias formas: a)- mediante el recocido, calentarlo y dejarlo enfriar
lentamente, con lo que se obtiene una estructura de mayor equilibrio,
b)- a través del templado, que consiste en enfriarlo bruscamente
en agua lo que lo hace duro y fácil de afilar, aunque quebradizo
y c)- por el método del revenido, que consiste en, tras el templado,
volverlo a calentar y dejarlo enfriar lentamente, lo que hace disminuir
su fragilidad.
Otro método general de trabajo del hierro es el indirecto, que
se realiza en altos hornos y produce un metal fundido, que se puede
llevar a moldes y tiene un alto porcentaje de carbono (de un 1'7% a
un 6'7%). Este método de obtención del hiero colado no
se conoció en Europa hasta el siglo XI-XII d C., pero se dominaba
ya en China desde el IV a C. Antes de la revolución industrial
el mejor metal de hierro era el damasquinado, que se fabricaba mediante
varillas de hierro dulce y hierro carburado soldadas y martilladas conjuntamente,
dando como resultado un material que aúna flexibilidad, resistencia
y dureza.
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La Edad del Hierro comienza a finales del IIº Milenio a C. y el
conocimiento del carburado fue decisivo en su expansión. El conocimiento
de la siderurgia se extendió rápidamente por el Próximo
Oriente, Chipre y el Egeo y, en algunos siglos se hizo asidua en Europa,
gracias a la abundancia de hierro que existía en esta y a los
numerosos bosques que posibilitaban la obtención de grandes cantidades
del carbón vegetal necesario para su tratamiento. La colonización
griega y fenicia hizo que el hierro se difundiera rápido por
la Península Ibérica, el norte de Africa y, seguramente,
por la fachada atlántica, alcanzando su apogeo en el mundo celta
donde se integra en los objetos de la vida cotidiana. El bronce, de
todos modos, se sigue utilizando con fines decorativos
VI- Metalurgia Prehistórica: contextualización sociohistórica
Para finalizar nos gustaría hacer unas consideraciones en relación
al metal, la metalurgia y su consideración como innovación
tecnológica.
En primer lugar queremos señalar la actual inadecuación
de la idea de la metalurgia del cobre como motor del proceso civilizador.
Esta conceptualización popularizada por G. Childe no se puede
sostener ya hoy en día vistos los resultados de la investigación
más recientes del registro arqueológico. Hay varias cosas
en su contra: a)- muchos de los rasgos de la nueva situación
de creciente complejidad social que acompaña a la aparición
del metal, en las diferentes culturas en que surge, son anteriores cronológicamente
al mismo metal, b)- las primeras herramientas metálicas tienen
una utilidad práctica muy limitada y c)- no se evidencian ritmos
sostenidos en el proceso de desarrollo del fenómeno metalúrgico.
Parece que los procesos de complejización social relacionados
con los fenómenos calcolíticos son debidos a, por un lado,
incrementos de la producción de algunos grupos humanos que, a
su vez, conducen a la aparición de sociedades de jefaturas incipientes
o plenas y, de otro lado, al incremento de las relaciones interculturales,
sin entender esto último de una manera difusionista. En este
contexto la metalurgia debe de ser entendida como parte de un proceso
general de complejización social, más que como un motor
causal. Desde esta óptica los objetos de metal se consideran
como bienes de prestigio asociadas a esas jefaturas incipientes más
que como instrumentos utilitarios.
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Así, por ejemplo, la producción metálica de Vinça,
con gran cantidad de herramientas y adornos y pocas armas, manifiesta,
tras el estudio de las huellas de uso, que este fue muy escaso. Estos
objetos no tenían una finalidad utilitaria, quizá solo
se utilizarán a la hora de realizar los enterramientos. Su finalidad
se entiende mejor si la contemplamos desde la óptica de la ostentación.
Por otro lado quisiéramos señalar que tampoco es sostenible
la teoría difusionista "ex oriente lux", defendida
así mismo por G. Childe. Este afirmaba que la civilización
y el metal con ella provenían del Próximo Oriente y que
se había producido un proceso de difusión cultural desde
aquellas sociedades complejas primeras. Hoy, gracias al ajuste de las
fechas por radiocarbono y al mejor conocimiento del registro arqueológico,
se sostiene mejor una posición poligenista. Según ella
el fenómeno metalúrgico surgiría primeramente en
el Próximo Oriente, en un segundo momento en la Europa Balcánica
y, finalmente, en el sur de la Península Ibérica, pero
en todos los casos de manera una independiente de la otra. Además
en todos los casos se hallaban en zonas ricas en cobre de fácil
explotación, con al menos cierto grado de complejización
social y especialización, con relaciones comerciales lejanas
de objetos de prestigio y, sobre todo con unas circunstancias que garantizaban
la recepción favorable, al menos por parte de un grupo privilegiado,
de la innovación. Quizá un modelo difusionista se ajustara
mejor a la expansión de la siderurgia.
Por último señalaríamos la dificultad existente
a la hora de establecer secuencias típicas en el desarrollo de
la metalurgia. Por ejemplo Renfrew, siguiendo a T. Wertime, propone
un modelo de desarrollo de las primeras metalurgias, seguirían
las siguientes fases:
1. Utilización del cobre nativo
2. Martilleo en frío del cobre nativo.
3. Calentamiento del cobre nativo.
4. Fusión del cobre a partir del mineral.
5. Colado del cobre en un molde abierto.
6. Molde de núcleo y uso del molde en dos piezas.
7. Aleación con arsénico o con estaño.
8. Moldeo mediante la técnica de la cera perdida.
Para otros autores este tipo de modelos de desarrollo es criticable
en la medida en que no se pueden aplicar a muchos casos, como es el
del desarrollo de la metalurgia en el Nuevo Mundo, o el del Africa Ecuatorial,
donde se conoció el hierro ya en el siglo IV a C, antes que los
demás metales.
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