Entre las mas ricas y peculiares manifestaciones artísticas plasmadas
por la cultura romana destacan por su importancia la escultura y la
pintura. La escultura tuvo una vertiente fundamentalmente pública
y política aunque no estuviera exenta de un cierto sentido individual
y privado. La pintura y, más en concreto el mosaico, acaso por
su propia condición como arte de interiores, tuvo una marco más
limitado: sirvió como expresión de la fastuosidad y riqueza
de una clase noble.
1. PRECEDENTES HISTÓRICOS
1.1. DIFERENCIAS CON LA ESTATUARIA GRIEGA
El carácter público de la escultura romana encuentra
sus primeras raices en la estatuaría griega de época clásica.
La escultura monumental en la Atenas del siglo V a.C. fue esencialmente
una manifestación comunitaria y religiosa. Adornaban las estatuas
agóras, santuarios o calles formando parte intrínseca
de un conjunto arquitectónico y ciudadano del que resultaban
inseparables. Tras el momento clásico los siglos helenísticos
crearon por un lado las bases de una primera concepción individualista
y privada del arte, el retrato logra en esta primera época su
primer florecimiento. Por otro lado, la cultura alejandrina sentó
los fundamentos de una visión historicista con relación
a un pasado que consideraron modélico: en la plástica
se remodelan ahora antiguos mitos con antiguos dioses.
1.1.1. La originalidad romana
El mundo romano va a ser en gran medida prolongación cultural
de este helenismo tardío. De él tomará ideas, técnicas
y motivos. Pero la idiosincrasia romana va a conferir una profunda originalidad
a todas las manifestaciones de su cultura.
En el arte de la época republicana la humanitas enlaza y se
compenetra con la virtus. Este caracter verista y pragmático
del pueblo romano quedará reflejado en el naturalismo realista
de muchas de sus producciones.

Pero junto con esta tradición de elementos helénicos
o de elementos itálicos un status político y social muy
definido va a aportar al arte romano algunas de sus características
fundamentales. Va a ser la escultura romana manifestación de
una clase dominante, la de los patricios. Ello se inicia ya en el siglo
II a.C. cuando los generales conquistadores de Grecia arrancan de sus
pedestales de origen numerosas esculturas y las trasladan a Roma para
exponerlas, en su afán de nuevos ricos, en los atrios de sus
casas.
Sin embargo, esta clase social dominadora va a comprender al mismo tiempo
el sentido público (esto es, de propaganda política) que
posee la imagen esculpida. Los retratos de los emperadores van a distribuirse
y a copiarse desde ahora en todas las direcciones del Imperio. Las provincias
pasan así a participar de este arte oficial de la metrópoli.
Los patricios locales crean su propio mundo de imágenes buscando
en ellas la ratificación de su prestigio. Hispania como provincia
romanizada que desde Augusto forma parte del Imperio, va a participar
de todas las características expuestas anteriormente.
2. LA ESCULTURA ROMANA EN HISPANIA
Como el resto del Imperio y la Metrópoli, también en
Hispania las esculturas se realizaron indistintamente en mármol
o en bronce. De las grandes esculturas en bronce apenas si conservamos
más que unos pocos ejemplares: fue el bronce reutilizado y fundido
en la tardía romanidad y en la Edad Media; y en otros casos no
ha soportado el paso del tiempo.
2.1. ESCULTURA CIVIL PÚBLICA Y PRIVADA: EL RETRATO
2.1.1. Precedentes helenísticos
El retrato es una de las manifestaciones artísticas más
ricas y peculiares de la cultura romana. El retrato se desarrolla en
Roma como resultado de la conjunción histórica de diferentes
tendencias y herencias culturales. Recoge por un lado el retrato el
legado de una tradición helenística de enorme riqueza.
Fue el humanismo ciudadano griego el creador del auténtico retrato
fisionómico, esto es, aquella imagen plástica que busca
expresar la naturaleza individual del retratado basándose en
sus rasgos específicos y concretos, morales a la vez que físicos.
En época helenística las condiciones sociales facilitarán
el desarrollo del retrato: a la vez que arraiga la idea de un culto
al monarca. Ante estos condicionantes se crea la efigie del monarca
inspirado, el gobernante que entra en contacto con la divinidad. Esta
imagen tiene su origen en el retrato de Alejandro del escultor Lisipo,
en el siglo IV a.C., siendo muy frecuentemente copiada en época
romana.
2.1.2. La aportación romana
El retrato romano unirá a las influencias tomadas del helenismo
unos rasgos muy propiamente locales e itálicos. Uno es la tendencia
a reducir y a acentuar en la expresión del rostro todas las características
esenciales del personaje retratado. Por el contrario, el arte griego
había concebido el retrato como una manifestación global
e indivisible del hombre. El arte romano olvida las mas de las veces
el resto del cuerpo: al principio representa sólo la cabeza sobre
el cuello (época republicanas y siglo I) y sólo en el
siglo II (a partir del Emperador Adriano) se extenderá el retrato
a la mitad superior del cuerpo y al arranque de los brazos. el pragmatismo
del romano le lleva a veces a elaborar por separado el cuerpo o el busto
de un personaje de su cabeza, pudiéndose intercambiar esta, por
ejemplo algunas efigies de emperadores de acuerdo con los cambios políticos
acaecidos. Esta tendencia que busca acentuar los rasgos individuales
del rostro parece tener raices itálicas, especialmente etruscas,
y se han puesto de manifiesto en relación con una segunda fuente
autóctona para el retrato romano: las imágenes maiorum
o representaciones de los antepasados. Modeladas en cera, tal vez en
un principio imitando los rasgos de una mascarilla en yeso tomada directamente
sobre el rostro del difunto, son colocadas piadosamente en pequeños
armarios con puertecillas a la entrada del atrium doméstico por
los parientes y sucesores del difunto.
Bianchi Bandinelli ha subrayado el factor histórico y el papel
de clase social que posee elretrato en Roma: es sobre todo un medio
de exaltar, en época republicana, el poderío político
de los patricios y, posteriormente, la persona del Emperador y el influjo
de las clases mas altas y adineradas de la sociedad.
2.1.3. El retrato provincial: originalidad y dependencia
El sentido universalista del Imperio utilizó la imagen plástica
como un medio más de propaganda política unificadora.
Uno de los primeros actos del princeps al asumir el poder era el de
enviar retratos a las provincias con su propia efigie: en ellos debe
inspirarse el escultor local así como el grabador de monedas
que ha de reproducir el retrato imperial sobre la ceca de la ciudad
provinciana. Se nos escapa el grado de dependencia o libertad de los
artistas locales respecto a sus modelos, aunque es de suponer que el
artista provinciano poseía cierta autonomía con relación
a las directrices marcadas por la urbe.
El retrato oficial, cuya función fue la de adornar los edificios
y presentar la imagen de los gobernantes antes los súbditos del
Imperio, tenia su marco en los más diferentes lugares públicos.
Estas esculturas eran proyectadas en función del destino que
posteriormente iban a ocupar, por desgracia, la mayoría de las
esculturas que integran hoy las colecciones de nuestros museos no se
conocen el contexto ambiental original, y en muchos casos se desconoce
su procedencia.

2.1.4. Tipología
Al margen del retrato privado, heredero en gran parte del sentido familiar
o doméstico de las primitivas imágenes maiorum, el tipo
oficial puede adornar toda clase de edificios públicos como los
campamentos, foros, teatros, termas, etc.
Imágenes en bronce del Emperador o de personajes pertenecientes
a la familia imperial, a veces thorocatas (con coraza) e incluso ecuestres,
se erigían por ejemplo en el centro de los campamentos para la
contemplación y estímulo de los soldados. Hispania ha
sido parca en este tipo de hallazgos. Hoy sólo conocemos los
fragmentos de una estatua colosal de Emperador procedente de un campamento
de Rosinos de Vidriales, en Zamora, así comolos de Poza de la
Sal, en Burgos.
En otras ocasiones la escultura honorífica tiene por ejemplo,
su marco monumental en el teatro. Tal es el caso de la espléndidas
estatuas thorocatas, en mármol, que adornaron los teatros de
Mérida o Tarragona. Las ruinas del teatro de Segóbriga
nos permiten reconstruir en gran medida una ambientación semejante:
dos cabezas allí encontradas pertenecen seguramente a Augusto
y su esposa Livia. Otras estatuas del teatro de Segóbriga representan
a magistrados locales: son escultura togadas con el símbolo de
autoridad junto a sus pies, los volumina o cajas para contener rollos
escritos. en cuanto a las dos estatuas gemelas de Tarragona ya citadas
suponemos que se tratan de los bustos idealizados de dos emperadores.
Son estatuas thorocatas vistiendo por encima una túnica corta
o paludamentum que cae en pliegues sesgados sobre el pecho. Los pies
desnudos en una de ellas sugieren una heroización del Emperador
representando su exaltación a la esfera divina.
En muchas ocasiones las mismas ciudades manifiestan una vinculación
específica con la figura de un emperador determinado. En Itálica,
patria de Trajano y Adriano, se erigieron sendas esculturas idealizadas
en honor a estos emperadores. Ambas representan la efigie desnuda y
heroizada del emperador.
Los magistrados locales, los ricos terratenientes y los nobles provincianos
encargan a artistas locales retratos suyos y de sus familiares con los
que adornar lugares públicos o bien sus villae privadas. Un acentuado
realismo local, que imita con un sello personal las corrientes artísticas
emanadas de la urbe, se refleja en muchos de estos bustos.
Mas raros son en España los hallazgos de filósofos, poetas
u oradores griegos tan imitados y copiados en Roma, sobre todo en época
republicana. Un ejemplo puede ser un posible Zenón, filósofo
estoico, esculpido en la Bética, obra de comienzos del siglo
II.
2.1.5. Bosquejo histórico del retrato romano en Hispania
El número de retratos hallados en España es muy alto.
García Bellido recoger cerca de 200 en su catálogo de
esculturas romanas, aunque hay que suponer que su número hoy
dia es mucho mayor debido a los numerosos hallazgos de los últimos
tiempos. La mayoría de las esculturas catalogadas por García
Bellido proceden de la Bética. Ello se corresponde con del grado
de romanización mayor que desde fecha muy temprana alcanza esta
provincia. Le sigue la Tarraconense y en tercer lugar la Lusitania (las
efigies aquí halladas se concentran casi todas en su capital,
Mérida).
El siglo II es el más fecundo en retratos de emperadores aparecidos
en nuestro suelo. Es la época de los emperadores españoles:
Trajano y Adriano nacieron en Itálica, y Marco Aurelio tuvo ascendencia
española. Por su parte los retratos de personajes locales abundan
indistintamente lo largo de los dos primeros siglos.
* Época republicana:
Junto con las imágenes maiorum elaboradas en cera, existen en
plena época republicana toscos retratos funerarios de caracter
simbólico. Son retratos que no tratan de representar los rasgos
fisionómicos concretos del individuo sino de servir tan sólo
como símbolo funerario suyo. en la necrópolis hispana
de Baelo (Bolonia, Cádiz) ha sido hallado gran número
de estas esquemáticas imágenes símbolo, realizadas
en piedra y fechables en el siglo I a.C.
* Época de Augusto (31 a.C. - 14 d.C.)
Con Augusto se funde en el retrato ese naturalismo objetivo y verista
de época republicana con una nueva idealización plena
de sobriedad que confiere a las esculturas de estos años un peculiar
sabor y un caracter clásico.
De Augusto adolescente poseemos un bello retrato procedente de Itálica,
muestra su rostro de aire ligeramente patético muy característico
de ese helenismo propio de Augusto. Pero el retrato del emperador más
sugestivo procede de Mérida, donde se representa a Augusto como
Pontifex Maximus, cubierta su cabeza con el velo sacerdotal. A Livia,
su esposa, puede atribuirse el retrato de una muchacha de rasgos juveniles
idealizados procedentes de Tarragona.
* Época de los Julio-Claudios (14-68 d.C.)
En esta época el retrato continua la trayectoria idealizada
iniciada por Augusto. Cabe señalar el retrato de un Tiberio joven
hallado en Menorca, o la de Druso el joven, hijo único de Tiberio,
fácilmente identificable por las monedas.
* Época de los Flavios (68 - 98 d.C.)
Con los Flavios se libera por primera vez el arte romano del clasicismo,
coexistiendo el retrato naturalista, de expresiones francas y asequibles,
con el retrato alejado y heroico. De Vespasiano poseemos un retrato
togado hallado en Écija (Sevilla.
* El retrato en el siglo II
Con Trajano irrumpe un nuevo espíritu en el arte romano. En
sus retratos se refleja la expresión de la energía y de
decisión propia del hombre habituado al mando militar. El retrato
se amplia a gran parte del torso y no sólo hasta los hombros
como hasta ahora era lo habitual. A este emperador pertenece la estatua
idealizada de Itálica. Con Adriano se acentúa aún
más el elemento de introspección psicológica y
de nuevo la vuelta idealizada hacia el helenismo. A partir de ahora
se hace habitual la señalización en los ojos del iris
y e la pupila. Este procedimiento se continuará en época
antoniniana. El mejor retrato que poseemos de Adriano procede de Itálica.
A partir de ahora y a imitación de estas efigies barbadas de
Adriano va a ponerse de moda la barba en los retratos de emperadores
y de personajes privados. A los últimos años de vida de
Antonino Pío (138 - 161) pertenece un retrato procedente de Puente
Genil. Bien representado está en España el emperador Marco
Aurelio: citar la cabeza del museo de Sevilla y la del museo de Tarragona.
* Los siglos III y IV
En estos siglos decae notablemente el número de retratos de emperadores
en España.
Existen muestras aisladas de la dinastía de los Severos (192
- 235) como el retrato de su iniciador, Septimio Severo, en la casa
de Pilatos en Sevilla o su busto de Mérida.
Aislado cronológicamente, pero de una importancia arqueológica
y artística importante es el impresionante missorium o disco
plano de plata procedente de Almendralejo, cerca de Mérida, en
el que se representa al Emperador Teodosio junto con su hijo Arcadio
y Valentiniano II. La fecha que conmemora este missorium está
bien determinada (19 enero del 338) año en que Teodosio celebró
su decenal o diez años de gobierno como Emperador. Las influencias
ideológicas que llegan de la parte oriental del Imperio quedan
patentes en la figuración artística de esta pieza: el
retrato imperial ha adquirido una extraordinaria fijeza formal, lo que
abocará posteriormente a su desaparición definitiva como
tal; se expresa así por medio de este hieratismo, la esencia
divina del reinante y su intangible sacralidad.
2.2. ESCULTURA DE CARACTER RELIGIOSO
Las figuras imperiales en la que los princeps aparecen divinizados
o heroizados se han incluido en el apartado anterior, como el busto
de Augusto de Pontifex Maximus de Mérida o el de Marco Aurelio
como Sacerdos de Sevilla; o las esculturas divinizadas de emperadores
como las thoracatas del Teatro de Mérida donde al parecer tenían
su puesto junto a la puerta central de la escena, no lejos del grupo
de divinidades etonias y de la vegetación formado por Plutón,
Ceres sedente y Proserpina.
2.2.1. Divinidades del panteón romano y representaciones de
tradición helénica
Teniendo presentes los anteriores ejemplos de divinizaciones, vamos
a referirnos ahora a aquellas representaciones de divinidades que tuvieron
cabida en el panteón romano oficial.
En Hispania es Itálica la ciudad que ha ofrecido una mayor abundancia
de esculturas de divinidades. Le siguen en importancia Mérida
y Tarragona. Entre las divinidades masculinas destacan, por su frecuencia,
Hermes y Dionisos y entre las femeninas Minerva, Venus y Diana.
Del teatro de Itálica procede el espléndido desnudo de
Venus anadyomene, esto es, naciendo de la espuma del mar, elemento simbolizado
plásticamente por un delfín. De las numerosas esculturas
de Diana también la más espléndida procede del
teatro de Itálica.
Entre los héroes tuvo Hércules una enorme aceptación
en todo el Imperio. en España se han hallado un sin número
de bronces de pequeño tamaño de este héroe. Entre
las divinidades menores destacan por su parte las representaciones de
los séquitos de Menades y de Silenos. Muy populares fueron las
representaciones de Eros dormido. este grupo nos describe a Eros que,
vencido por el cansancio de su viaje alado, ha caído, igual que
un niño, dormido sobre una roca (en el ejemplar del Museo Arqueológico
Nacional y que procede de Elche), una piel de león protege su
cuerpo aún tierno de la dureza de la piedra sobre la que reposa.
2.2.2. Representaciones relacionadas con religiones orientales
Junto con los documentos epigráficos, es la escultura la fuente
fundamental para aproximarnos hoy al fenómeno cultural y religioso
que, durante la época romana, representó toda la amalgama
de cultos de tipo oriental desarrollados en la Península Ibérica.
Estas manifestaciones llegaron a Hispania a través de los movimientos
de tropas, trasladadas continuamente de uno a otro confín del
limes o frontera del Imperio.
El culto de Mithra estuvo particularmente vinculado a la región
de Mérida, donde existió un Mithraeum o santuario dedicado
a Mithra. De allí procede la escultura de un Chronos mitriaco,
rodeado su cuerpo desnudo por una serpiente de la inmortalidad, o el
Chronos mitriaco leontocéfalo sobre cuya espalda se distingue
el comienzo de las alas.
La religión de Attis y de la Magna Mater (Cibeles) ha dejado
numerosos testimonios escultóricos en la Península. el
mito de Attis y Cibeles se basa en un ritual de la vegetación
oriental. Como consecuencia de la pasión de Cibeles por Attis,
este muchacho se emascula y muere. Pero con la ayuda de Cibeles, Attis
resucita brotando de nuevo de la tierra. Es una típica divinidad
palingenética. Por este caracter ritual de muerte - resurrección
la representación de Attis revistió un sentido claramente
funerario. Sus imágenes provienen necrópolis, como Carmona,
o adornan edificios funerarios (por ejemplo la tumba de los Escipiones
de Tarragona)o estelas, como en Mérida.
El culto a Isis fue el mas extendido en Hispania. Uno de los testimonios
más significativos es el monumento de Acci (Guadix), está
dedicado a Isis puellarum o Isis protectora de las niñas. Muy
popular en Hispania serán las representaciones de la Isis kourotropos
amamantando al niño Horus. Este tipo dará origen, a través
del arte copto, a la figuración de María con Jesús
sobre sus rodillas.
2.3. ESCULTURA DE CARACTER FUNERARIO: SARCÓFAGOS Y ESTELAS
Los sarcófagos ocupan un lugar muy importante en el marco de
la plástica antigua. La utilización del sarcófago
que corresponde a un rito de inhumación relativamente tardío
en el mundo romano se puso de moda a partir sobre todo de época
Adrianea. Dos son los grupos principales de estas producciones: los
talleres occidentales con su centro principal en Roma y el grupo oriental
con las fábricas de Atenas y del Asia Menor.
Las provincias imitas estas producciones en una medida mecho menor que
el retrato. Sus creaciones son por lo general muestras de un arte bárbaro
y de escasa calidad. La mayoría de las piezas halladas en Hispania
son obras importadas generalmente de Roma. La Tarraconense es la provincia
que ha ofrecido un número mayor de producciones sarcofágicas
y sobre todo su zona litoral. Sigue a la Tarraconense la Lusitania y
por último la Bética, mostrando una desproporción
en un principio ilógica si atendemos al alto grado de romanización
de esta última provincia, y que según García Bellido
posiblemente la prolongada dominación árabe de Andalucía
pudo originar la destrucción sistemática de los sarcófagos
paganos y cristianos de esta zona.
La temática de los sarcófagos paganos es a veces difícil
de distinguir de la iconografía de las primeras producciones
cristiana. Decoran los sarcófagos temas báquicos o temas
de ultratumba, como el frecuentemente representado de Proserpina, muchacha
raptada por Plutón a los infiernos donde encontrará su
nueva morada. El carácter escatológico se manifiesta también
en los sarcófagos de las Musas y de Apolo, estrechamente asociados
con una cierta noción de inmortalidad terrena; o en los sarcófagos
con la figura del pedagogo quien sostiene en sus manos el volumen desenrollado
de la sabiduría, esto es, de la salvación.
De cuño totalmente pagano son dos de los mas bellos sarcófagos
hallados en España: el sarcófago de Husillos, con la leyenda
de Orestes, en el Museo Arqueológico Nacional, obra de época
adrianea, y el ejemplar de Tarragona, hallado en el mar, no sabiendo
con seguridad si procede o no de un naufragrio antiguo. En él
se narra la leyenda de Hipólito.
Al margen de los sarcófagos, existieron paralelamente otros monumentos
funerarios de caracter mas local y temática menos mitológica
y más concreta. Cabe citar los llamados cipos funerarios o estelas.
Los cipos funerarios son en realidad estelas con el busto del, o de
los, personajes retratados bajo una hornacina o nicho flaqueado de columnas.
Mérida ha ofrecido una serie muy rica de ejemplares de este tipo,
todos ellos con una personalidad muy marcada. Otro tipo de estelas funerarias
presenta al difunto de frente o de cuerpo entero, casi todas con inscripción
latina con el nombre del personaje.
El Centro y el Noroeste de la Península conserva en plena época
romana un tipo de estela de caracter indígena muy acentuado.
Son éstas las zonas de la Península menos penetradas por
la romanización. Posiblemente por ello pervivieron aquí
con más fuerza los ritos autóctonos frente a la concepción
funeraria más propia de Roma, arraigada sobre todo en la Bética.
Se trata de unas estelas alargadas y rematadas en su parte superior
con medio círculo o bien con un círculo casi completo.
en su temática es muy frecuente el banquete fúnebre: un
hombre o una mujer están sentados ante una mesa de tres patas
con una corona o roscón en su mano. en otras ocasiones es la
guerra la protagonista, como la del jinete de Clunia. La personalidad
de los indígena y los céltico predominan aquí sobre
los puramente romano.