En el verano de 1991, un equipo del Instituto de Paleontología
Miguel Crusafont de Sabadell (Barcelona) descubrió en el yacimiento
de Can Uobateres (Sabadell) los primeros restos craneales de un gran
mono fósil encontrados en España. Este yacimiento, situado en el extremo
nororiental de la península Ibérica, está datado en 9,5 millones de
años en sus niveles inferiores y cerca de 9 en los superiores, donde
se localizaron los restos de Dryopithecus.
El género Dryopithecus, descrito por Edouard Lartet
en 1856, ha desempeñado un papel destacado en la historia del conocimiento
de los Hominoidea fósiles y actuales. En la década de los sesenta
agrupaba aún todos los géneros de grandes monos miocénicos, y se le
consideraba una forma primitiva sin especial vinculación de parentesco
con las formas actuales.

Opinión que ha cambiado en los últimos
años. Ahora, la mayoría de los especialistas admite que Dryopithecus
es un género que vivió en Europa desde el Mioceno medio hasta el Mioceno
superior (14 a 8 millones de años antes de la actualidad) y que difiere
de formas tales como Proconsul o Kenyapithecus. Pero aquí acaban los
puntos de acuerdo. Se debate qué posición ocupa en el árbol filogenético
de los Hominoidea, y son objeto de discusión sus relaciones con el
grupo de los grandes monos vivientes. Ante ese cuadro, nuestro hallazgo
proporciona nueva información que nos ha obligado a volver a examinar
la evolución temprana de los implicados.
El grupo de los Hominoidea ofrece cinco representantes
vivos, divididos en dos subgrupos: uno más primitivo, que abarca sólo
el gibón, y el segundo, que comprende los grandes monos vivientes
(chimpancé, gorila, orangután y hombre). ¿Junto a cuál hay que situar
a Dryopithecus?
Entre los fragmentos craneales de Can Llobateres, una
parte del hueso temporal con la petrosa (hueso del oído) se conserva
en muy buen estado. Acontece que los caracteres morfológicos obtenidos
a partir de estructuras de la complejidad del oído, y carentes de
un manifiesto componente adaptativo inmediato, suelen ser útiles para
resolver problemas filogenéticos. Por consiguiente, analizamos a fondo
la petrosa del ejemplar CLL- 18000, en sí misma y en comparación con
todas las disponibles, fósiles (sólo se conoce la de Proconsul) y
actuales.
En los restos de Can Llobateres falta por completo la
fossa subarcuata, profunda depresión en la cara endocraneal de la
petrosa donde se aloja una prolongación del cerebelo denominada paraflocculus.
Esta fosa, que aparece en todos los primates y en los hominoideos
primitivos (por ejemplo, el actual Hylobates o el fósil Proconsul),
se halla ausente en los componentes vivos de los Hominidae (Pan, Gorilla,
Pongo y Horno); dicha ausencia va ligada a la reducción del paraflocculus.
E' hecho de que Dryopithecus comparta este carácter con los Hominidae
constituye una prueba de que puede pertenecer al mismo clado.
Si aceptamos esta hipótesis de partida, es decir, que
Dryopithecus se inscribe entre los grandes monos, tres son sus alternativas
filogenéticas: es miembro del ciado de los grandes monos africanos,
pertenece al mismo clado que Pongo o es un grupo hermano de ambos.
Dryopithecus presenta una morfología facial con una
combinación de caracteres particular. Vemos, así, que exhibe un importante
conjunto de caracteres primitivos: ausencia de prognatismo, segundo
incisivo superior no muy reducido, amplia distancia interorbital,
proporciones de las órbitas y morfología de la zona supraorbital.
Tomados en su conjunto, esos rasgos nos indican que Dryopithecus no
debió diferir mucho de lo que fuera el ancestro común de la familia
Hominidae.
Si es, por contra, muy peculiar la morfología de la
parte facial del hueso zigomático, que externamente se corresponde
con el área de las mejillas. De notable robustez, el zigomático descubierto
es acentuadamente plano y orientado hacia adelante y, lo que resulta
más llamativo, posee tres forárnenes zigomáticos (por donde pasan
numerosos vasos sanguíneos que riegan la zona de las mejillas), situados
por encima del borde orbital inferior. Otros dos zigomáticos de Dryopithecus
del yacimiento húngaro de Rudabanya, aunque menos completos que los
de Can Llobateres, presentan las mismas características.
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| Relaciones de parentesco entre los hominoideos
actuales y posición filogeneta de Dryopithecus. La sistemática
de los seres vivos se fundamenta en las relaciones de parentesco
entre ellos, refleja así la filogenia y permite, pues, considerar
grupos naturales las diferentes categorías taxonómicas. La cladistica
es un método de inferencia filogenética: a partir de una serie
de postulados intenta reconstruir las relaciones de parentesco
entre los integrantes de un grupo. Las hipótesis de relaciones
filogéneticas se expresan en cladogramas. Se usa el término clado
para definir una rama (o agrupación) del árbol. |
Se trata de una morfología muy poco frecuente en el
grupo de los primates. Formas fósiles como Proconsul o actuales como
Hylobates, Pan o Gorilla poseen un zigomático que diere del que caracteriza
a la forma fósil europea; aquél es menos robusto, más curvado, sin
tanta orientación anterior y dotado de sólo 1 o 2 forámenes zigomáticos
situados por debajo del reborde orbital. Esta es, por otro lado, la
morfología más extendida entre los primates y puede considerarse primitiva.
Unicamente dos formas, una fósil y otra actual, poseen
características similares en el área del zigomático: Sivapithecus,
del Mioceno de Pakistán, y el actual orangután de Sumatra y Borneo.
A lo largo de los últimos diez años, se han debatido con especial
viveza las posibles relaciones de parentesco de Sivapithecus; aunque
no hay un acuerdo general, se la considera forma hermana del orangután.
Mirado bajo esta óptica, resulta fácil suponer que Dryopithecus
no es más que un representante primitivo (plesiomórfico) del ciado
de Pongo, que ha mantenido una morfología facial primitiva excepto
en el área zigomática, donde muestra los caracteres evolutivos derivados
del orangután.
¿Por qué el zigomático? ¿Qué sentido tiene modificar
este hueso en la dirección antes mencionada? La respuesta nos la ofrece
el orangután: tal estructura ósea tiene por misión dar soporte físico
a las enormes mejillas de grasa y tejido conjuntivo presentes en Pongo,
lo que explica la robustez y rugosidad del zigomático, y el elevado
número de forámenes va ligado a la necesidad de una mayor irrigación
sanguínea e inervación de dichas mejillas. De éstas se valen los orangutanes
machos para mostrar el rango que ocupan. La presencia en Dryopithecus
de una morfología similar nos lleva a pensar que los machos estarían
provistos de unas estructuras parecidas, con funciones muy afines
seguramente.
No se nos escapa cuán arriesgado puede parecer fundar
la pertenencia de Dryopithecus al ciado del orangután sobre la morfología
de un hueso de la cara. Pero no debemos olvidar que los "eslabones
perdidos" son, quizá, más fáciles de encontrar que de reconocer. La
controversia suele rodear las interpretaciones que se ofrecen sobre
los fósiles que se hallan en nudos evolutivos parecidos.
Sea cual sea la solución correcta que se dé al enigma
de Dryopithecus, una cosa está clara: vivió en el lugar y el tiempo
adecuados para estar vinculado al ciado de Pongo. Hace probablemente
unos 14 millones de años, una forma africana que no conocemos, o no
hemos podido identificar y que tal vez no diste mucho de Kenyapithecus,
colonizó Eurasia. La posterior evolución de las diferentes poblaciones
condujo a la aparición de formas diversas, entre las que Dryopithecus
se mantuvo primitivo, y otras, Sivapithecus por ejemplo, se acercaron,
en su evolución, hacia el orangután actual. Las poblaciones que quedaron
en Africa son las que, probablemente, originaron la otra línea, la
que conduce al chimpancé, gorila y, a través de Australopithecus,
hasta el hombre, y de la cual no sabemos nada. Los previsibles futuros
hallazgos habrán de confirmar estas hipótesis o plantear otras.
(Salvador Moyà y Meike Köhler, del Instituto de Paleontología
Miguel Crusafont, de Sahadell..)
Revista Investigacion
y Ciencia, 207, diciembre 1993.