Introducción
Este trabajo pretende estudiar el desarrollo
de la creación simbólica comenzando desde el proceso
simple de la percepción cognitiva de control (p. c.
c.) como unidad básica de construcción de cualquier
proceso mental hasta la creación de los signos y símbolos.
Estos dos tipos de unidades cognitivas forman parte, según
esta teoría, de un continuo de un mismo proceso mental de creación
simbólica.
Utilizaré para el desarrollo de
la exposición distintas teorías psicosociológicas,
el constructivismo y la teoría del caos asociada a los sistemas
sociales como fondo.
Intentaré llevar a cabo un paralelismo
entre el sistema simbólico, abstracto por excelencia, como
son las matemáticas y el lenguaje, ya que ambos nos acercan
a la comprensión de la realidad tanto física como social
a través de unas construcciones lógicas estructuradas
a través de unidades simbólicas. Sin embargo, el cerebro
percibe la realidad no sólo por unidades individuales (como
los números y las palabras), cuando la realidad aparece de
forma discontinua, como por ejemplo, los componentes de un grupo social,
sino que también nuestra mente elabora comparaciones entre
dos opuestos de una misma categoría que sitúa de manera
sucesiva en un continuo abstracto, como en el caso de los colores,
de las distancias, etc. para establecer relaciones entre estos elementos.
A su vez estas relaciones se toman como elementos de comparación
de un orden abstracto superior y se comparan con otros de su mismo
orden abstracto creando una taxonomía de clasificación
progresivamente más abstracta.
Pretendo demostrar, que al igual que ocurre
en los sistemas dinámicos naturales no lineales, en los cuales
pequeñas variaciones de escasas variables que se acumulan en
sus interacciones pueden producir cualquier pronóstico a lo
largo del tiempo, como las previsiones meteorológicas, así
un sistema de elementos simbólicos, basados en percepciones
cognitivas individuales que interaccionan con las de otras personas
para definirse mutuamente, producen variaciones no controlables mínimas
que se acumulan para producir un sistema simbólico de valores
abstractos que actuaría como referencia.
Del caos a la cultura. Procesos de aleatoriedad
y de control cognitivo
Desde la aparición de la vida en
el planeta la historia de los seres vivos ha sido la continua lucha
por la adaptación de cada ser con su entorno ecológico.
Este proceso de la evolución se ha basado siempre en la mejora
progresiva de la dotación genética entre las sucesivas
generaciones de especies.
Pero en esta evolución las estructuras
genéticas, que primeramente permitían un repertorio
de respuestas predeterminadas por la herencia, se vuelven más
flexibles en el ser humano para permitir una mayor adaptación
a la aleatoriedad de las condiciones de cada entorno que se
produce en la naturaleza. En las respuestas de esas conductas intervendrá
cada vez más el aprendizaje y la creación de modelos
cognitivos de pautas adaptativas al entorno.
El hombre es el animal que se caracteriza
por poseer una mayor carga genética flexible para la consecución
de respuestas abiertas al medio ambiente, entendido éste como
el hábitat ecológico y el social de su propio grupo
donde se desarrolla como ser humano. Todas las pautas de acción
están mediatizadas por el cerebro, por tanto esta flexibilidad
del ser humano le obliga a mantener una continua evaluación
mental de su entorno cambiante.
El ser humano al alejarse del esquema animal
simple de estímulo-respuesta debe crear una representación
mental (simbólica) en su cerebro que anticipe la gran variedad
de posibilidades de interacción con el medio para evaluar la
más adecuada en términos individuales y de grupo social
ya que sin él no puede sobrevivir. Aquí surge el altruismo
ante la defensa de otros miembros del clan no relacionados directamente
por su carga genética.
¿Pero como aparecen los distintos
sistemas culturales?. La cultura sería el esquema cognitivo
de rango superior dentro de una taxonomía o jerarquía
de percepciones cognitivas de control de los distintos subsistemas
de una sociedad y las formas de aprehender y estructurar las relaciones
con nuestro entorno natural y social. Los grupos humanos han evolucionado
hacia un progresivo control de su entorno natural creando modelos
cognitivos que se adecuan al funcionamiento de la naturaleza. Otros
modelos cognitivos también han servido para controlar las relaciones
de su propio grupo social y, frecuentemente, se han interrelacionado
ambos en el campo simbólico para alcanzar una adecuada congruencia
cognitiva.
La cultura aparece cuando el ser humano,
ante la aleatoriedad y el caos existente en la naturaleza y en su
grupo social, responde con unas construcciones cognitivas determinadas,
creadas y consensuadas en cada grupo social, que los distintos
miembros del grupo social repiten para mantener la percepción
cognitiva de control que facilita la supervivencia. Hablamos del mito,
(constante vital en la vida del hombre), de la oposición naturaleza/cultura.
Es el eterno enfrentamiento entre el caos y el orden.
¿Pero como percibimos la aleatoriedad
y el orden de nuestras relaciones con las demás personas y
con nuestro entorno físico, y sobre todo como nos defendemos
cognitivamente de este caos que entra por nuestros sentidos?. ¿En
definitiva como construimos la realidad variable y aleatoria que percibimos
y creamos la cultura como modelo cognitivo superior de percepción
de control.
Descubrimiento y desarrollo de la p.
c. c. en la psicología social
Los procesos de percepción y las
estrategias de adaptación del hombre habían sido estudiadas
por la psicología en términos de funciones como la memoria,
la atención, la inteligencia, etc. Pero la percepción
de control cognitivo (p. c. c.) que tienen las personas sobre su medio
no fue estudiada científicamente hasta 1975 por los psicólogos
sociales.
Es a partir del fallo de uno los experimentos
con sus perros (serendipia) como Martin E. P. D. Seligman empieza
a desarrollar un modelo cognitivo para explicar la sensación
(percepción cognitiva de control individual) de indefensión
de los animales y de las personas ante la aleatoriedad de los acontecimientos
a los que nos enfrentamos diariamente.
La visión del mundo en términos
de probabilidad, de contingencia entre nuestras respuestas y los
eventos ambientales, que se desarrollan en nuestra vida personal
y grupal, nos permitirá comprender mejor como elaboramos modelos
mentales a los acontecimientos imprevistos.
Este modelo rompe con el paradigma conductista
y empirista de la psicología y se inserta dentro del paradigma
cognitivista y constructivista que postula la importancia de los esquemas
mentales sobre las respuestas de las personas en términos simples
de estímulo-respuesta. Estos esquemas mentales sobre la representación
de nuestro mundo cotidiano contienen, no solamente datos objetivos,
sino también valores, creencias, normas, costumbres y rutinas
que forman la subcultura donde estamos inmersos y que condicionan
nuestras respuestas.
Percepción cognitiva de control.
Teoría de la indefensión
El siguiente ensayo trata sobre la teoría
psicológica del control cognitivo de la indefensión
aprendida de Abramson, Seligman, Teasdale, Miller, y Norman. Luego
comentaré su relación con las teorías de la consistencia
y disonancia cognitiva de Festinger y Osgood.
Esta teoría está basada en
la necesidad de controlar nuestro entorno o por lo menos considerar
que tenemos dominadas nuestras acciones. La pérdida de la creencia
(intelectual y emocional) cognitiva de dominación de nuestro
entorno nos produce indefensión o desestructuración
de orden cognitivo. El hombre tiene la necesidad de percibir su realidad
en términos de controlabilidad de los acontecimientos de su
entorno, y dentro de percepción de control estaría situada
la necesidad de orden cognitivo de la que hablan otros antropólogos
sociales como Lévi-Strauss. El orden cognitivo surge por la
necesidad de control sobre el entorno.
La adquisición de la información,
y por tanto el aprendizaje, se produce siempre por la confrontación
de los conocimientos adquiridos y establecidos como controlables en
la mente con otros nuevos y diferentes. Según la teoría
de la información sólo los estados contrarios producen
información (dualidad de la mente humana), el 0 y el 1 en informática.
Cualquier estímulo nuevo es comparado por los esquemas cognitivos
establecidos como controlables anteriormente. Así los sistemas
de aprendizaje se basan en el campo de conocimientos previos de los
alumnos. Es lo que el psicólogo ruso Vigoztsky denomina zona
de desarrollo próximo. Esta zona de conocimientos es la
que es posible que alcance con las indicaciones del profesor hasta
que esos proceso y conocimientos son interiorizados como permanentes
(controlados mentalmente) y el alumno puede seguir avanzando
en sus conocimientos confrontando los nuevos con los ya adquiridos
y dominados.
¿Pero qué es la indefensión
y el control cognitivo?
Definición: la indefensión
es el estado psicológico que se produce cuando los acontecimientos
a los que se enfrenta una persona o un animal son incontrolables e
impredecibles (caóticos o en desorden).
Sólo aquellas respuestas que pueden
ser modificadas por la recompensa y el castigo serán denominadas
respuestas voluntarias u operantes (Skinner -condicionamiento operante).
Cuando un organismo no puede realizar una respuesta operante que controle
un resultado diremos que ese resultado es incontrolable.
Las respuestas que realizamos y no son
sensibles al premio o al castigo se denominan reflejos, reacciones
ciegas, instintos o tropismos, pero no nos interesan en nuestra teoría.
Existe también el condicionamiento
clásico o pavloviano en el cual se efectúan respuestas
condicionadas (ejemplo: descarga de saliva en el perro) que son anticipatorias
a otro estímulo. En este tipo de condicionamiento el sujeto
no controla su respuesta y por tanto no permite que esta respuesta
modifique de manera consciente el estímulo condicionado o el
incondicionado que la ha producido. No existe retroalimentación
en el sistema.
Por tanto, en el aprendizaje instrumental
u operante el sujeto tiene una respuesta voluntaria que controla ciertos
resultados ambientales, mientras en el condicionamiento clásico
se haya indefenso.
La respuesta voluntaria es aquella
cuya probabilidad aumenta cuando es recompensada, y disminuye cuando
es castigada. El refuerzo continuado de esta relación supone
que el aprendizaje se efectúe de una manera más rápida
y de una forma más duradera en el tiempo. Esta relación
entre el estímulo y la conducta se extingue cuando desaparece
la recompensa o el castigo que la provocó (extinción).
Seligman define la controlabilidad:
un evento es controlable por una conducta cuando su probabilidad
de aparición o cese puede ser modificada con la emisión
u omisión de esa conducta.
¿Que ocurre cuando se produce un
refuerzo parcial o intermitente?: Se producen respuestas dependiendo
de la probabilidad de aparición del refuerzo y del coste y
beneficio del mantenimiento de la respuesta (puedo jugar a la lotería
siempre aunque sólo me hayan tocado pequeños premios).
Lo que se denomina refuerzo diferencial
de otra conducta ocurre cuando un organismo puede anticipar
una conducta aún cuando no se haya producido ninguna respuesta
(ejemplo del cinturón de seguridad para prevenir un accidente
de tráfico sin haber sufrido ninguno o el ejemplo de la lotería).
Cuando la probabilidad de aparición
es aleatoria e igual a 0,5 (mismas posibilidades de aparición
o ausencia sin posibilidad de predicción) se produce la máxima
impredecibilidad de un suceso o la carencia de predecibilidad.
Un suceso se define como caótico
o desordenado cuando la probabilidad de aparición es de 0,5
y su orden de aparición es aleatorio.
Si una persona puede predecir la aparición
de un determinado evento pero no puede controlarlo de ninguna manera
siempre puede enfrentarse a él dominándolo mentalmente
creando un pensamiento de justificación de esa acción
o evento incontrolable, como por ejemplo la muerte de un familiar.
Si ésta acontece repentinamente será más traumática
su aceptación que si ocurre después de una larga enfermedad
incurable y los familiares han previsto su desaparición y se
ha imaginado mentalmente. La previsión del acontecimiento incontrolado
de la muerte se incorpora a nuestro esquema mental de creencias y
valores, a nuestra subcultura.
Por tanto la predecibilidad de un
evento provoca un estado de control cognitivo de ese suceso
y crea una representación mental de una cognición
en términos, normalmente de lenguaje. Esta creación
cognitiva disminuye o cesa la sensación de indefensión
ante un acontecimiento incontrolado de la vida real y permite relacionarlo
con otras representaciones cognitivas construidas previamente.
Una persona o animal se hayan indefensos
frente a un determinado resultado cuando este ocurre independientemente
de todas sus respuestas voluntarias (controlabilidad) y es impredecible.
Se produce entonces una máxima incontrolabilidad e impredecibilidad.
Cuando una persona o animal se enfrentan
a un acontecimiento que es independiente de sus respuestas, aprenden
que ese evento es independiente de sus respuestas. Esta afirmación
tan obvia es la base de la teoría de la indefensión.
El aprendizaje de las situaciones de indefensión
provoca una generalización de estas conductas en el
comportamiento cotidiano con una disminución de la capacidad
cognitiva, motivacional y emocional (la famosa frase "no puedo").
En el ámbito cognitivo una vez
que un hombre o un animal han experimentado la incontrolabilidad,
les resulta difícil aprender que su respuesta ha sido eficaz,
aun cuando realmente lo haya sido.
La indefensión distorsiona la percepción
del control o de poder sobre los acontecimientos.
La incontrolabilidad e impredecibilidad
(denominaré a ambos términos como incertidumbre en adelante
para evitar la repetición) de los acontecimientos (desorden
o caos) se manifiestan en las personas con perturbaciones conductuales,
cognitivas y emocionales de una amplia gama: desde la somatización
de enfermedades, la disminución del sistema inmunológico
(fisiológicas), depresión (emocional) hasta la superstición(cognitiva).
La indefensión es la manifestación
más profunda e integra a todas las anteriores.
La indefensión provoca una extrema
baja motivación y sumisión.
En experimentos con perros éstos
fueron sometidos primeramente a descargas eléctricas en una
sala de la que podían escapar, y por tanto controlar. Luego
se les aplicaron descargas eléctricas en esa misma sala de
una manera aleatoria en el tiempo y, también de forma impredecible
se les dejaba escapar o se les mantenía en ella. Esto último
les produjo un estado progresivo de indefensión y respondieron,
después de varias sesiones, con una conducta de falta de respuestas
ante el experimentador y una falta de motivación hacia la ejecución
de otras tareas que antes del experimento podían controlar.
Cuando se les sometió a los perros
de nuevo a descargas eléctricas de las cuales podían
escapar saltando una valla, 2/3 de ellos, aunque físicamente
se encontraban en buenas condiciones, no lo hicieron y se pusieron
a gemir compasivamente sin buscar una salida.
Con estímulos positivos ocurre,
igualmente, que la administración de refuerzos positivos
incontrolables debilita las respuestas posteriores destinadas
a obtener recompensas y a superar otros problemas cognitivos.
Por ejemplo en el diseño experimental
del "niño mimado": si un sujeto es recompensado por cualquier
conducta, lo haga mal o bien ante un problema, esto le provoca una
baja capacidad de respuesta ante nuevas situaciones con estímulos
de refuerzo. Por eso durante los procesos de aprendizaje se debe ajustar
la dificultad de los problemas a los alumnos y se deben establecer
pruebas de control que permitan comprobar a los alumnos la adecuación
de sus logros. La retroalimentación del sistema de aprendizaje
entre el alumno y el profesor es lo que hace avanzar el campo de conocimientos
de los alumnos. Es lo que el psicólogo ruso Vigoztsky denomina
zona de desarrollo próximo. Esta zona de conocimientos
es la que es posible que alcance con las indicaciones del profesor
hasta que esos proceso y conocimientos son interiorizados como permanentes
(controlados mentalmente) y el alumno puede seguir avanzando
en sus conocimientos confrontando los nuevos con los ya adquiridos
y dominados mentalmente.
Esta teoría también acontece
con animales. Por ejemplo, en el modelo experimental denominado "La
paloma en un Estado Providente" se daba a dos grupos de palomas comida.
Mientras un grupo de palomas sólo comía si apretaba
una determinada palanca después de encenderse una luz, al otro
grupo se le administraba siempre la comida después de encenderse
la luz, aunque hiciesen cualquier tipo de conducta. Después
se sometió a ambos grupos a unas pruebas de destreza. El primer
grupo respondió más eficazmente a las pruebas al disponer
de recursos cognitivos, o una percepción de control sobre sus
acciones, que el segundo grupo que no había interiorizado y
generalizado su dominio ante situaciones adversas.
El estado contrario a la indefensión
es el poder absoluto sobre los acontecimientos que crearía
una percepción cognitiva placentera a la que todo el mundo
aspira. Sin embargo esta sensación nunca se puede alcanzar
en su totalidad pues el hombre es consciente de fragilidad ante la
aleatoriedad, tanto de las relaciones sociales y como de la muerte
ante la naturaleza.
La percepción de control cognitivo
de una persona implica una creación cognitiva y se definiría
en términos de las relaciones de predecibilidad y controlabilidad
de los acontecimientos de esa persona, grupo o sociedad con relación
a su entorno ya sea este otras personas, la familia, otros grupos
o el mismo medio ambiente.
Lo más importante de esta teoría
es que la percepción de control es imprescindible para la supervivencia
y la adaptación al medio natural y social y se configura como
la unidad básica de cualquier pensamiento que luego implica
el desarrollo de una acción.
La incertidumbre también produce
conductas y pensamientos supersticiosos.
Tanto las personas como los animales, cuando
existe un estímulo incontrolado e impredecible (caótico)
lo intentan asociar con conductas y modelos intelectuales efectuados
en ese mismo instante para controlar cognitivamente la situación.
En ausencia del estímulo que lo provocó repiten esta
conducta o representación mental para mantener un estado cognitivo
de certidumbre. Esta conducta y creencia supersticiosa actuaría
como defensa cognitiva de nuestra mente ante el caos o la incertidumbre
y evitaría la indefensión cognitiva.
Las conductas supersticiosas como respuestas
a estímulos incontrolados e impredecibles llevan a efectuar
cogniciones, pensamientos mágicos o representaciones simbólicas
que se producen tanto a nivel individual, grupal o colectivo. Este
mecanismo de indefensión o de control cognitivo se reproduce
también en grupos y en sociedades que se enfrentan a eventos
incontrolables e impredecibles como resultado de la agregación
de las mismas situaciones de indefensión de otros individuos
ante las mismas circunstancias.
El pensamiento "supersticioso" de un grupo
o de una sociedad se efectuaría, a través del lenguaje,
compartiendo de esta manera no sólo la cognición de
desorden sino también el sentimiento de impotencia unido a
éste, base de la estructura cognitiva de las creencias, de
los símbolos, y de las costumbres, al igual que en los modelos
procesuales, por agregación de las mismas ideas y acciones
supersticiosas de cada uno de los individuos ante la misma situación
de incertidumbre de su entorno.
El nombrar cosas es uno de los métodos
fundamentales para imponer la percepción de control a las sensaciones
que entran en nuestro cuerpo.
Lenguaje y percepción cognitiva
de control
El lenguaje es el primer sistema
simbólico que aprenden los humanos y a partir del cual estructuran
la realidad. Las primeras palabras y sonidos en los niños sólo
adquieren sentido por repetición del estímulo sonoro,
la palabra, ante el estímulo visual. La repetición continuada
de ambas provoca la identificación en el niño y la primera
percepción de control cognitivo que relaciona al grupo social
con la aleatoriedad de la naturaleza.
Los seres humanos están programados
filogenéticamente para adquirir las estructuras del lenguaje
y representar mentalmente los objetos y las acciones mediante las
palabras. Las palabras (significantes) actúan como sustitutos
de los objetos (significados o referentes) para referirse a ellas
ante los demás miembros del grupo de referencia. De esta forma
los niños aprenden a tener una percepción cognitiva
controlada en su cerebro de su medio tanto social como natural sobre
la cual pueda desarrollar unas relaciones unívocas entre sus
acciones y las cosas. La aleatoriedad en este primer momento de la
vida debe ser nula. Los niños necesitan unas pautas fijas en
su educación tanto de palabras como de actividades para poder
tener la percepción de control sobre su medio.
Las primeras palabras hacen referencia
a objetos tangibles y controlables por ellos mismos, cercanos a su
realidad. Luego aparecen los verbos, palabras relacionadas con la
acción entre dos objetos, aunque anteriormente han aprendido
el significado del no y del si como anticipo a su relación
con sus actuaciones.
El lenguaje refleja la progresiva percepción
cognitivo de control sobre su entorno.
Las creencias, costumbres, valores, reglas,
rutinas, mitos, los ritos, los símbolos, en definitiva su sistema
cultural, serían las respuestas de defensa cognitiva
de las sociedades al enfrentamiento con sucesos de la naturaleza y
de las sociales de alta impredecibilidad e incontrolabilidad.
Todas las sociedades mantendrían
un control cognitivo de ellas mismas y de su entorno y explicarían
sus conocimientos de acuerdo a su conocimiento y por tanto a su esquema
cognitivo. La lucha del hombre por el control de la naturaleza y el
intercambio de esquemas cognitivos de control sobre su entorno
con otros seres humanos es lo que crea la cultura y la tecnología.
Estas representaciones cognitivas de las
supersticiones funcionarían como una pedagogía social
para comprender y aceptar la jerarquía de necesidades (pirámide
de Maslow) y relaciones de poder o de control, personales y sociales
con relación a la incertidumbre de su medio ambiente natural
y social.
Las p. c. c. individuales interaccionan
y se intercambian a través del lenguaje y se crean los símbolos
como un sistema de referentes cada vez más abstractos que condensan
y proyectan las relaciones establecidas en el grupo social. El proceso
simbólico de un grupo de dos o más personas se produce
como proyección de situaciones y relaciones sociales que el
grupo valora como positivas como una creación cognitiva que
mantiene las reglas y el orden- control social. Los símbolos
como referentes de las relaciones sociales y de poder no controladas
actúan para mantener un sistema de referencia que evite las
situaciones de caos social. Caos entendido como un suborden de otros
órdenes de control más elevados.
En todas las sociedades primitivas, el
mito y el rito eran los instrumentos que permitían mantener
el orden mediante procedimientos en los que operaba la transgresión
y la inversión, en los que lo cognitivo, simbólico y
ritual convierten lo negativo (incertidumbre) en positivo (control
y predecibilidad).
Los símbolos en cuanto que
no son emocionalmente neutros tendrían una función emocional
de refuerzo de las cogniciones menos empíricas o incluso irreales.
Estarían compuestas de dos partes
una racional o de certidumbre (significante o imagen real de un objeto),
explícita y otra irracional o de incontrolabilidad (significado
o imagen cognitiva de la indefensión) subyacente o implícita
que organizaría a la anterior. La parte real o comprensiva
apoyaría a la parte de incertidumbre o irracional que pretende
explicar. Ambos, significado y significante son consensuados por los
miembros de ese grupo. Los procesos de descontrol individual generan
símbolos individuales tomados siempre del sistema simbólico
social consensuado.
Los símbolos estabilizarían
la sociedad, ayudando a comprender el grado de controlabilidad entre
las acciones individuales y los procesos naturales y sociales.
Establecerían las relaciones entre
éstos y crearían así una frontera entre el orden
y el desorden cognitivo.
Las sociedades de la tradición que
desarrollaron conductas sociales de estabilidad y continuidad dejaban
el poder, y su simbología, en manos de líderes que afirmaban
(creencia cognitiva) "controlar la naturaleza o el desorden" como
respuesta ante la incertidumbre de los sucesos naturales. Lo mismo
sucede con las personas o animales en situaciones de indefensión
que se dejan controlar por otros sujetos.
Sin embargo en muchos acontecimientos caóticos
o catástrofes (con un proceso real de impredecibilidad e incontrolabilidad)
todas las personas se encuentran en las mismas circunstancias y unas
desarrollan cogniciones o creencias de control y otras tienden a pensar
en términos de indefensión.
Los líderes "controlan" las relaciones
sociales y de poder, mediante representaciones simbólicas que
construyen, para ofrecer una situación de controlabilidad y
predecibilidad a los sujetos más indefensos mental y emocionalmente.
De esta manera se producen, incluso actualmente, entre grupos pequeños,
los inicios de las relaciones de desigualdad. De esta manera se origina
el poder y los sistemas políticos más primitivos.
En las sociedades modernas es una constante
de nuestra cultura la progresiva creencia de la controlabilidad y
predecibilidad de casi todo a través de la ciencia y la tecnología.
Esto produce una pérdida de apoyos en los poderes políticos
y religiosos conforme los hombres no necesitan de cogniciones mágicas
ni sobrenaturales para controlar el caos, el desorden o las situaciones
de incertidumbre de la naturaleza ya que el medio ambiente donde el
hombre lucha por su supervivencia no es un ya la misma naturaleza
sino su sistema cultural y social dominado por los procesos tecnológicos
y por el conocimiento.
Al contrario que en las sociedades primitivas
que se producía orden social a través de líderes
que manejaban los símbolos, mitos y ritos para "defenderse
cognitivamente" de la incertidumbre de los acontecimientos naturales
que asolaban a todos los individuos, en las sociedades modernas se
produce la sensación de desorden, al tener que responder los
individuos a múltiples situaciones de impredecibilidad según
múltiples variables de estudios, clase social, mercado de trabajo,
etc. que constituyen su nuevo medio ambiente.
Las religiones surgen como sistemas
compartidos de creencias de control cognitivo ante el hecho inevitable
(predecible e incontrolable) de la muerte. Este sistema de creencias
siempre ha reflejado el sistema cultural de las sociedades. Este es
el sistema simbólico social por excelencia ya que los elementos
controlables que toman para crear una p. c. c. deben provenir de otros
símbolos sociales de menor orden de control.
La conciencia de la muerte es el reconocimiento
de la incontrolabilidad de la existencia Es la base del poder religioso/sobrenatural.
La creencia en una futura controlabilidad de otra existencia en el
más allá justifica la religión en sí misma
como defensa cognitiva ante esa total indefensión y proporciona
poder ante la indefensión de los demás.
Como ejemplos podrían mencionarse
la explicación del dios cristiano con una trilogía en
la que existen dos elementos racionales, padre e hijo, frente a uno
irracional el espíritu santo.
Casi todas las divinidades antiguas tenían
símbolos con referentes racionales para las personas de esa
sociedad. Por ejemplo los Tallensi expresan su cultura o relaciones
de poder, en términos simbólicos con un elemento más
incomprensible o incontrolable como la organización política
(subyacente e implícito) y un elemento más intuitivo
y controlable por todas las personas como el parentesco (aparente
o explícita).
El argot de las profesiones (control del
lenguaje) vendría a establecer, por ejemplo, la representación
simbólica de las relaciones de poder entre los que controlan
ese subsistema y los neófitos.
El principio de cualquier relación
de poder se establece en la creencia de la superioridad de ese mismo
poder para organizar y controlar la parte impredecible de los individuos.
Sólo haría falta una pequeña base real (significante)
que necesitaría de un sistema mental, cognitivo o simbólico
que estructurase las categorías de pensamiento (significado).
En las sociedades de nómadas donde
las personas dependen más de sí mismas (control cognitivo
de los acontecimientos personales) para la obtención de su
alimentación y existe una alta predecibilidad y controlabilidad
de los alimentos las jerarquías son difusas, pero se produce
una simbología asociada a los acontecimientos naturales no
comprendidos y a las relaciones sociales.
El sistema social de las sociedades modernas
está muy normativizado para evitar la impredecibilidad de las
situaciones. Pero esto al mismo tiempo esto produce una falta de controlabilidad
directa de las personas sobre el sistema social. La falta de integración
en este sistema no produce ya superstición porque las personas
comprenden el origen de su situación y saben predecir o explicar
las causas que lo motivaron sino indefensión porque no pueden
hacer nada directamente para cambiar la causa que les margina (incontrolabilidad).
Los marginados y los parados desarrollan
conductas y pensamientos de indefensión (aceptación
de la situación) y superstición mientras las clases
medias tienen conductas menos supersticiosas al disponer de mayor
control sobre las situaciones, (gastan menos dinero en los juegos
de azar y confían más en sus aptitudes personales).
Las clases muy altas, que tienen que mantener
un fuerte control de su situación para mantener su posición
social también elaboran conductas y códigos de comportamiento
ritualizados para tener una congruencia cognitiva de separación
con las clases más bajas.
El poder actual desarrolla estrategias
para coartar esa supuesta controlabilidad de las personas de las clases
más bajas hacia su entorno social. Entre ellas el proceso simbólico
que acentúa las cogniciones sobre la indefensión.
La educación es el factor determinante
de la prevención y/o del aprendizaje de la indefensión.
Se constituiría en el elemento del cambio social.
La transmisión de conocimientos,
percepciones, creencias, valores y otros elementos integrantes de
las organizaciones cognitivas o mapas cognitivos implica no sólo
una transmisión automática de los constructos cognitivos,
entendidos como conocimientos científicos adaptados a una realidad
ordenada, sino también una transmisión de los sentimientos
de impotencia o de falta de control de distintas situaciones.
La cultura sería el esquema
cognitivo de rango superior dentro de una taxonomía o jerarquía
de locus de control de los distintos subsistemas de una sociedad y
las formas de aprehender y estructurar las relaciones con nuestro
entorno natural y social.